Arranqué mayo en un bonito show que ofreció Lucrecia Durán en Adrogué, en un restó-bar de esos que no existían en la década pasada y que ahora parece que son furor. Canciones de Celine Dion, Whitney Houston, María Carey y algunas divas más, fueron recreadas por la espectacular voz de esta chica que descubrí hace poco tiempo. El bar estuvo de bote a bote durante las más de dos horas de show.
El último sábado de mayo me apersoné, en Adrogué, en uno de los fabulosos Quintos Sábados que organiza la juventud bautista de la zona sur. Con un recital de arranque, como ya es costumbre, esta atípica reunión de jóvenes y adolescentes se convirtió en el escenario adecuado para una banda como Año Cero. Realmente, es una de las mejores bandas que escuché desde que volví a mis giras recitaleras.
Junio fue uno de esos meses que a uno le gustaría que se repitiera todo el año. De movida, nomás, se produjo el regreso de otra de las bandas que me hacían erizar la piel hace una década: Heart-u-Heart. El único detalle es que no pude asistir porque estuve enfermo, así que, espero que mi amigo Ronald, que me invitó especialmente para la ocasión, sepa disculparme.
A la semana siguiente, me abrojé en la combi que llevó a los chicos de Rescate al Auditorio Sur, de Temperley. Literalmente, me prendí como garrapata y, mientras iba charlando de música y de fútbol con Marcelo Tega, el bajista, nos acercábamos al lugar donde acontecería un excelente show de la banda que, hoy por hoy, es la más representativa de los grupos cristianos en el medio secular. La otra, sin lugar a dudas, es Kyosko, que esa misma noche tocó en zona oeste, en una fría noche que tuvo dos focos calóricos, precisamente, donde tocaron estos dos grupos. De Rescate puedo decir que reafirmo lo dicho hace unos meses cuando les confesé que me gustaba más esta formación de 4 integrantes, y que musicalmente, es más rockero que lo anterior. Lo sostengo y me adhiero más a este tiempo que transita el grupo.
Al recital de Kyosko, por supuesto, no pude asistir, pero mi amigo Alejandro, que sí estuvo, me contó que el recinto se veía con buena concurrencia y que Kyosko se despachó con un show inolvidable, con mucha entrega por parte de los músicos.
Dejo para lo último la presentación de Logos en La Trastienda. El sábado a la tarde desempolvé mi campera de cueros y me dirigí a ver a una de las bandas que más marcó mi vida. Esta vez presentaban un DVD que les editó Sociedad Bíblica Argentina, lo que marca, a las claras, cuál es el rumbo de la banda y que no tienen miedos ni prejuicios con institución cristiana alguna. Todo lo contrario, días antes, en una conferencia de prensa que dieron, tanto el Beto como Miguel hablaron del amor, de la misericordia, de la paz, de la fe, y de cómo ellos eligieron depositar la fe en Dios para poder ser parte del cambio que esta sociedad necesita para mejorar. Una joyita cada frase de Zamarbide, que representa, hoy, a una de las voces más autorizadas del ambiente artístico.
Mucho más se vivió musicalmente en este bimestre. No pude ir a todas, claro, pero mientras escribía esta columna me quedé con la sensación que estábamos volviendo a las fuentes, a aquellos conciertos que ansiaban profesionalizarse, pero que aún conservaban un toque de amateurismo que siempre es bueno tener. La charla de Logos, las palabras de Ulises en medio de un show en una noche signada por la violencia en Plaza de Mayo, los gestos de Mike, la sana costumbre de Liendo, la excelencia de Año Cero y la postura bicultural de Lucrecia Durán, hace notar que estamos ante una camada de artistas que quieren marcar diferencias en el lugar donde tienen que hacerla, y que los de la vieja guardia supieron, con creces, marcar el rumbo para que los más jóvenes se espejaran en ellos. Me pone muy contento.
Nos vemos en la próxima.
Bart
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